Self-Play es un método en el que un programa informático juega contra sí mismo para mejorar.
Imagina que juegas al ajedrez, pero en lugar de jugar contra otra persona, juegas una y otra vez contra ti mismo.
Así, el programa puede practicar muchos juegos y aprender de sus errores sin necesitar un oponente humano.
Esto ayuda a los ordenadores a dominar juegos o tareas complejas en las que hay muchas posibles jugadas o decisiones.
Self-Play se utiliza, por ejemplo, en el desarrollo de IA para juegos como ajedrez, Go o póker.