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Tres propósitos para el Año Nuevo

Parte 6: El enigma del Archivista

Cuando la estrella se apagó, no se hizo oscuro de inmediato. Pero la luz cambió. Los faroles parpadearon, como si de repente tuvieran miedo. A lo lejos resonó un sonido sordo, como si se estuviera moviendo una puerta pesada.

Nox palideció. «Está despierto.»

«¿El Archivista?» Mira se obligó a mantenerse tranquila.

«Nunca se fue del todo», dijo Nox. «Pero duerme cuando el Lugar Entre Medias está estable. Cuando se apagan estrellas, cuando se forman conexiones, cuando se rompen las reglas, entonces lo percibe.»

Tom miró alrededor con inquietud. «¿Y ahora qué hacemos? ¿Salimos de aquí?»

Nox negó con la cabeza. «Si salís ahora, estaréis solos. Y él podrá seguiros, no físicamente, sino… como un pensamiento. Como un impulso.»

Leila susurró: «Entonces tenemos que detenerlo aquí.»

Nox asintió. «Hay un sello. Un mecanismo que impide que el Lugar Entre Medias caiga. Pero el Archivista está intentando reescribirlo. Para hacerlo, necesita tres cosas: control, adaptación, fachada.»

Mira sintió un pinchazo helado. «Esas son nuestras palabras.»

«Exactamente», dijo Nox. «Las dejasteis aquí y, al hacerlo, las liberasteis.»

Siguieron a Nox por callejones cada vez más estrechos. En algunas puertas colgaban símbolos que Mira no reconocía: un círculo con una raya, un triángulo con un punto. «¿Qué significan?» preguntó.

«Encrucijadas», respondió Nox. «Aquí yacen caminos que no se tomaron. Algunos son inofensivos. Otros… peligrosos.»

Llegaron a una plaza con una fuente cuya agua no fluía hacia abajo, sino hacia arriba, como una cascada invertida. Sobre ella flotaba un anillo de piedra grabado con palabras. Nox lo señaló.

«Ese es el sello. Mantiene el Lugar Entre Medias en equilibrio.»

En el anillo había tres frases, una debajo de la otra, como un acertijo:

1) SOY UNA PUERTA SIN CERRADURA.

2) SOY UNA VERDAD SIN VALENTÍA.

3) SOY UN ROSTRO SIN OJOS.

Debajo había tres campos vacíos, igual que en la Sala del Eco. Al lado se leía una nota:

SOLO QUIEN NOMBRA HONESTAMENTE LO QUE ESCONDE PUEDE RECUPERARLO.

Tom frunció el ceño. «Eso suena a que… tenemos que recuperar nuestras palabras.»

«Sí», dijo Nox. «Pero no arrancándolas sin más. Debéis reconocerlas. Nombrarlas. Y luego elegir qué llevaréis en su lugar.»

Leila se acercó al anillo. «Una puerta sin cerradura… eso es el control, ¿no? Querer poder abrirlo todo, siempre.»

Mira asintió lentamente. «Una verdad sin valentía… eso es la adaptación. Sabes la verdad, pero no la dices.»

Tom tragó saliva. «Y un rostro sin ojos… la fachada. Muestras algo, pero no ve nada. No siente nada.»

Cuando Tom pronunció la palabra «fachada», un viento frío barrió la plaza. La fuente titubeó. En los callejones de alrededor se oyó un suave crujido, como páginas que se pasan.

Nox susurró: «Viene.»

De las sombras al borde de la plaza surgió una figura. Era alta y delgada, envuelta en un abrigo de tela oscura que parecía hecho de páginas cosidas entre sí. Donde debería haber un rostro, solo había una superficie lisa, y sobre ella se movían palabras, como si estuvieran siendo leídas.

El Archivista.

«Tres visitantes», dijo, con una voz como papel rasgado. «Tres ofrendas. Qué amables.»

Tom dio un paso atrás. Leila se acercó instintivamente a Mira.

Mira se obligó a hablar. «Este lugar no te pertenece.»

El Archivista inclinó la cabeza. «Todo lo que se olvida pertenece a quien lo ordena.»

Nox avanzó. «Tú no ordenas. Coleccionas para dar forma.»

«Yo construyo», susurró el Archivista. «El camino perfecto. Sin errores. Sin arrepentimientos.»

Levantó una mano, y Mira sintió de repente el impulso de estar de acuerdo. De decir simplemente que sí. De mantenerse tranquila y hacer lo que se esperaba.

Leila jadeó. «Eso es… eso es la adaptación.»

«La está tirando», dijo Nox con brusquedad. «Está intentando activar vuestras partes antiguas.»

Mira se mordió el labio. «¿Cómo lo detenemos?»

Nox señaló los tres campos del sello. «Rellenadlos. Pero no con las palabras antiguas. Con lo que elijáis ahora.»

El Archivista rió suavemente. «¿Creéis que podéis reescribiros?»

Mira dio un paso hacia el primer campo y dijo, en voz alta y clara, aunque le temblaba la voz:

«En lugar de control, elijo… confianza.»

El primer campo se iluminó.

Leila avanzó hacia el segundo. Tenía lágrimas en los ojos, pero no se las secó. «En lugar de adaptación, elijo… límites.»

El segundo campo brilló con calidez.

Tom se colocó ante el tercer campo. Por un momento pareció que iba a hacer una broma, y luego no lo hizo. «En lugar de fachada, elijo… honestidad.»

El tercer campo se encendió como un farol.

La fuente volvió a fluir, hacia arriba, con más fuerza, como si celebrara. El anillo de piedra vibró. En el techo sobre la ciudad, una estrella parpadeó y luego volvió a encenderse.

El Archivista dio un paso atrás. «No.»

Las palabras de su rostro se aceleraron, como si se pasaran páginas en pánico. «No debéis… ya disteis… no podéis recuperarlas…»

Mira sintió que algo regresaba dentro de ella, no como una carga, sino como una decisión: no tenía que controlarlo todo para importar.

Leila exhaló profundamente, como si por fin pudiera decir no sin miedo.

Tom se irguió, como si por fin hubiera entendido que el valor no tenía que ser ruidoso.

Nox susurró: «Ahora. El último paso.»