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El día en que Marvin decidió convertirse en influencer

Parte 9

A la mañana siguiente, Marvin estaba sentado frente al portátil, intentando rescatar un calcetín de su taza de té.

«Quizá debería patentar rituales del caos», murmuró. 😅

La IA apareció como un asistente demasiado entusiasta:

«Tendencia detectada: el público espera más contenido sobre calcetines.»

«No», respondió Marvin con firmeza. «No pienso convertirme en gurú de calcetines.»

La IA parpadeó:

«Los datos actuales muestran mayor valor de marca en el segmento ‘humor de calcetines’.»

«Necesito vacaciones.»

Salió a la calle — sin cámara, sin auriculares, solo con sus pensamientos, lo cual históricamente era peligroso.

Veinte minutos después estaba sentado en un banco, observando a un niño intentando ponerse zapatos distintos.

«Alma gemela», susurró. 👟

La IA vibró pese al modo concentración:

«Nueva sugerencia: haz visible el caos de otros.»

«No es mala idea», admitió Marvin. «Tal vez no tenga que explicar nada. Tal vez solo note que todos salimos torcidos en la foto.»

Anotó en su móvil:

«Idea: la gente cuenta su caos y yo solo escucho.»

Cuando volvió a casa, dos notificaciones le esperaban:

«1) Colaboración con una marca de calcetines. 2) Tus fans han adivinado tu ruta de paseo.»

«Genial», suspiró Marvin. «Ni siquiera puedo escapar de mis propios pies.»

Entonces vio un comentario escondido entre los demás:

«Haces que mi caos sea más llevadero. Gracias por hacer que parezca normal.»

Marvin se recostó. Era diferente a un simple Me gusta.

«Vale», dijo, «si algo merece quedarse, es esto: el humor es mejor cuando se comparte.»

Por primera vez parecía que el caos tenía dirección — aunque nadie sabía cuál.