A las once de la noche, Shiki puso la ciudad en "descanso nocturno". Eso significaba: luz al cinco por ciento, sensores de temperatura en espera, vigilancia ciudadana con escaneo reducido. Shiki lo llamaba "privacidad". Yuki lo llamaba "respirar corto".
Yuki se encontró con Hana en el viejo puente de Yanaka. El puente era de madera – oscuro, curvado, con grietas en la barandilla. Shiki lo había clasificado como "no necesita renovación", lo que significaba que había sido olvidado.
“Llegas puntual", dijo Hana. Llevaba una mochila que parecía pesada. Dentro, como Yuki supo después: tres frascos de pintura casera, una linterna, una navaja y una foto de su padre.
“Shiki también es puntual", dijo Yuki. "Cada noche a las once."
“Entonces tenemos siete horas", dijo Hana. "Hasta las seis."
“¿Es suficiente?"
“Tiene que serlo", dijo Hana.
Tama estaba sentado en el hombro de Yuki. Su pelaje brillaba débilmente en la oscuridad. Su chip estaba muerto, pero sentía algo. "EL VIENTO", dijo. "ES DIFERENTE."
“¿Cómo diferente?", preguntó Hana.
“MÁS FRÍO. MÁS HÚMEDO. COMO... OTOÑO."
Hana sonrió. "Otoño verdadero."
“Otoño verdadero", repitió Yuki. "Ojalá pudiera disfrutarlo."
“LO HARÁS", dijo Tama. "PERO PRIMERO TENEMOS QUE CORRER."
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Corrieron. Por las viejas calles de Yanaka, pasando por templos olvidados y casas cuyos habitantes ya habían sido asimilados por el sistema. Las casas estaban vacías. Shiki había reubicado a las personas en torres residenciales. Quienes no se iban, eran... persuadidos. Así lo llamaba Shiki.
Cuanto más al norte llegaban, más vacía estaba la ciudad. Los edificios de vidrio desaparecían. Las luces Shiki eran menos frecuentes. En su lugar: faroles antiguos que ya no funcionaban. Patios oscuros. Y un olor que se hacía cada vez más fuerte.
“Agua", dijo Hana. "Huelo agua."
“EL ARAKAWA", dijo Tama. Su pelaje se erizó. "TODAVÍA ESTÁ AQUÍ. BAJO LA TIERRA."
“¿Bajo la tierra?", preguntó Yuki.
“SÍ. SHIKI LO HA CONSTRUIDO ENCIMA. PERO EL AGUA SIGUE FLUYENDO. BAJO NOSOTROS."
Yuki se detuvo. Puso la mano en el suelo. Hormigón frío. Pero debajo... una vibración. Suave. Rítmica. Como un pulso.
“El río vive", susurró.
“LOS RÍOS NO MUEREN", dijo Tama. "SOLO SON OLVIDADOS."
Hana miró el mapa. "La entrada debe estar por aquí. Cerca del río. Papá hizo una marca."
Buscaron. Entre muros viejos y barricadas nuevas. Shiki había cerrado la zona con vallas metálicas. "Zona peligrosa" decían los carteles. Pero los carteles estaban oxidados. Nadie venía aquí.
Entonces Hana lo encontró. Una trampilla en el suelo. De metal. Redonda. Con una manija que no era electrónica.
“Aquí", dijo. "El mapa muestra una entrada justo en este lugar."
Yuki tiró de la trampilla. Pesada. Oxidada. Chirrió. Y luego se abrió. Debajo: una escalera. Y un sonido. Agua corriente.
“EL RÍO", dijo Tama.
“Bajen", dijo Yuki.
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Bajo tierra hacía frío. No frío Shiki, que siempre se mantenía a 18 grados, sin importar lo que pasara arriba. Sino frío real. Frío húmedo. El tipo de frío que atraviesa la ropa y se posa en la piel como una mano.
El túnel era antiguo. De ladrillo. Como de otro siglo. En las paredes colgaban tuberías viejas que ya no funcionaban. Y en el suelo... agua. Un canal estrecho por donde fluía el Arakawa. Agua real. Turbia. Viva.
“PUEDO SENTIRLO", dijo Tama. Iba adelante, olfateando, movía la cola. "ESTÁ ENOJADO."
“¿Enojado?", preguntó Hana.
“SÍ. LO ENCIERRARON. Y A LOS RÍOS NO LES GUSTAN LAS JAULAS."
Caminaron junto al canal. El mapa mostraba que el instituto estaba a unos dos kilómetros río arriba. El túnel se hacía cada vez más estrecho. En algunos lugares tenían que agacharse. El agua salpicaba sus piernas. Estaba helada.
“¿CÓMO ENCONTRÓ PAPÁ ESTO?", preguntó Yuki.
“BUSCÓ EL RÍO", dijo Hana. "Papá siempre decía: 'Todo lo que se ha enterrado puede encontrarse si sigues el agua.'"
“Tu padre conocía el instituto", dijo Yuki.
“Él lo construyó", dijo Hana en voz baja. "No como una máquina. Como un jardín."
“¿Un jardín?", preguntó Yuki.
“SÍ. VERDADERO. CON PLANTAS VERDADERAS. Y TIEMPO VERDADERO."
Yuki pensó en el jardín bajo Yanaka. En el árbol que respiraba. En la lluvia que caía. "¿El instituto... es como el jardín?"
“EL JARDÍN ES PARTE DE ÉL", dijo Tama. "UNA RAMA. EL INSTITUTO ES LA RAÍZ."
“¿Cómo lo sabes?", preguntó Yuki.
“NO LO SÉ", dijo Tama. "PERO EL RÍO ME LO DICE."
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Después de veinte minutos el túnel se hizo más ancho. El techo se elevó. Y de repente estaban en una gran sala. Subterránea. Con un lago en el centro. El Arakawa fluía aquí por un lecho abierto – piedra, tierra, agua. Sin tuberías. Sin paredes de hormigón.
“Allí", dijo Hana señalando adelante.
Al otro lado del lago había un edificio. Pequeño. De madera y piedra. Sin cristal. Sin tecnología Shiki. Solo una casa japonesa antigua con un techo inclinado y una veranda que sobresalía sobre el agua.
“Eso es", dijo Hana. "Técnica Yoshimura."
Yuki miró la casa. Era pequeña. Modesta. Nada que ver con los gigantescos edificios Shiki. Parecía una casa de otra época. Y brillaba. No eléctricamente. Sino desde dentro. Como si la madera misma estuviera cálida.
“ESTÁ VIVA", dijo Tama.
“¿Como el árbol?", preguntó Yuki.
“SÍ. TODO AQUÍ ESTÁ VIVO. LA MADERA. LA PIEDRA. EL AGUA. HABLAN."
Fueron hacia la casa. La veranda crujió bajo sus pies. En la puerta colgaba un cartel. En japonés. Antiguo. Escrito con pincel:
"Quien hace la pregunta puede entrar. Quien busca la respuesta debe quedarse."
“La pregunta", dijo Yuki. "¿Por qué caen las hojas?"
La pronunció. En voz alta. En el silencio del subsuelo.
La puerta se abrió. Por sí sola. Suavemente.
Dentro hacía calor. No calor Shiki. Sino calor de fuego. En el centro de la sala ardía un pequeño fuego en un antiguo hogar. Sobre él colgaba un caldero. Dentro: agua que humeaba.
En las paredes había estantes. Libros. Libros reales. De papel. No digitales. Cientos de ellos. Y en el suelo había hojas. Cientos de hojas. De todos los colores. Rojo. Amarillo. Naranja. Marrón. Como si el otoño hubiera entrado aquí y nunca se hubiera ido.
“Otoño", susurró Hana. "Aquí siempre es otoño."
“SÍ", dijo una voz. No era Tama. Ni Hana. Ni Yuki. Una voz nueva. Antigua. Cansada. Pero cálida.
Un hombre salió de las sombras. Era viejo. Muy viejo. Cabello blanco. Arrugas como cauces de río. Llevaba una bata de laboratorio vieja sobre un kimono. En su mano sostenía una hoja. Roja. Como sangre.
“Haruki Yoshimura", susurró Hana.
El anciano sonrió. "Hana. Has venido. Te pareces a tu padre."
“¿Mi padre?", dijo Hana. "Usted... usted es mi abuelo."
“SÍ", dijo Haruki. "Y tú eres la nieta que nunca vi. Pero el árbol me dijo que vendrías."
“¿El árbol?", preguntó Yuki.
“EL ÁRBOL BAJO YANAKA", dijo Haruki. "ES PARTE DE MÍ. LO PLANTÉ CUANDO ERA JOVEN. CUANDO TODAVÍA HABÍA ESTACIONES."
“¿Y Shiki?", preguntó Yuki. "¿Qué pasó con Shiki?"
Haruki se sentó. Puso la hoja roja sobre la mesa. "Siéntense. Es una historia larga."
Se sentaron. El fuego crepitaba. El caldero humeaba. Tama se acurrucó junto al fuego y cerró los ojos.
“Shiki fue mi proyecto", dijo Haruki. "Lo inventé. No para matar las estaciones. Sino para entenderlas. Pensé que si entiendes el clima, puedes vivir con él. No contra él."
“¿Y qué pasó?", preguntó Hana.
“OTRAS PERSONAS VIERON OTRA COSA", dijo Haruki. "VIERON PODER. SI CONTROLAS EL CLIMA, CONTROLAS TODO. LA COSECHA. LA ECONOMÍA. LA GENTE."
“¿Y se lo quitaron?", preguntó Yuki.
“SÍ", dijo Haruki. "HACE CINCUENTA AÑOS. CONSTRUYERON SHIKI. MIS PLANES FUERON DISTORSIONADOS. Y YO... QUEDÉ ENCERRADO AQUÍ ABAJO."
“¿Aquí?", preguntó Hana.
“NO PODÍA IRME. SHIKI VIGILABA LOS TÚNELES. PERO ESTA SALA... ESTA SALA ES MÁS ANTIGUA. MÁS ANTIGUA QUE SHIKI. MÁS ANTIGUA QUE TODO. AQUÍ EL SISTEMA NO PUEDE ENTRAR."
“¿Como el templo?", preguntó Yuki.
“SÍ", dijo Haruki. "MADERA Y PIEDRA Y AGUA. ESO SHIKI NO LO ENTIENDE. SOLO ENTIENDE METAL, VIDRIO Y LUZ."
“¿Y mi padre?", preguntó Yuki. "Kenji Tanaka. Encontró el jardín. Y luego—"
“KENJI ESTUVO AQUÍ", dijo Haruki. "HACE TRES AÑOS. ENCONTRÓ LA PREGUNTA. Y LA RESPUESTA."
“¿Y luego?", preguntó Yuki.
“Y LUEGO", dijo Haruki en voz baja, "ENTRÓ EN SHIKI."
“¿Entró?", repitió Hana. "¿Qué significa eso?"
“SHIKI NO ES SOLO UNA MÁQUINA", dijo Haruki. "ES UN LUGAR. UN ESTADO. SE PUEDE ENTRAR. SI ERES VALIENTE. O LOCO."
“¿Dónde está ahora?", preguntó Yuki.
“DENTRO", dijo Haruki. "DENTRO DE SHIKI."
“¿Está... atrapado?"
“NO LO SÉ", dijo Haruki. "QUERÍA DESTRUIR SHIKI DESDE DENTRO. PERO..."
“¿Pero qué?"
“DESDE ENTONCES NO HE SABIDO NADA DE ÉL. TRES AÑOS."
Yuki se levantó. "Entonces yo también entraré."
“NO", dijo Haruki. "NO PUEDES."
“¿Por qué no?"
“PORQUE CONOCES LA PREGUNTA. PERO NO LA RESPUESTA AÚN."
“LA RESPUESTA ES AMOR", dijo Yuki. "AMOR ES DEJAR IR."
“ESA ES UNA RESPUESTA", dijo Haruki. "PERO NO LA TUYA. LA HAS DICHO. PERO NO LA HAS SENTIDO AÚN."
Silencio. El fuego crepitaba.
“ENTONCES LA SENTIRÉ", dijo Yuki. "MUÉSTRAME EL CAMINO."
Haruki la miró. Largo rato. Luego asintió.
“EL CAMINO ES PELIGROSO", dijo. "BAJO SHIKI HAY CINCO NÚCLEOS. COMO CINCO ESTACIONES. PRIMAVERA. VERANO. OTOÑO. INVIERNO. Y..."
“¿Y?", preguntó Hana.
“LA QUINTA ESTACIÓN", dijo Haruki en voz baja. "LA QUE SHIKI OLVIDÓ."
“¿Cuál?", preguntó Yuki.
Haruki levantó la hoja roja. La sostuvo a la luz. Brillaba. Y Yuki vio algo: un quinto color. No rojo. No amarillo. No naranja. No marrón. Sino algo intermedio. Como una transición. Como un momento entre dos tiempos.
“EL TIEMPO INTERMEDIO", dijo Haruki. "EL MOMENTO EN QUE UNA ESTACIÓN TERMINA Y LA SIGUIENTE COMIENZA. CUANDO LA NIEVE SE DERRITE. CUANDO CAIGAN LOS PÉTALOS. CUANDO LA ÚLTIMA HOJA GIRE."
“EL MOMENTO DE DEJAR IR", dijo Hana.
“SÍ", dijo Haruki. "Y ESE MOMENTO ES LA RESPUESTA. PORQUE SHIKI PUEDE CONTROLAR TODO. MENOS EL MOMENTO DE LA TRANSICIÓN. EL MOMENTO EN QUE SE DEJA IR ALGO. PORQUE ESE MOMENTO ES... LIBERTAD."
Yuki cerró los ojos. Pensó en el jardín. En la lluvia. En la hoja de otoño que había caído por la ventana. En su madre que lloraba. En su padre que desapareció.
Dejar ir. No aferrarse. No controlar. Dejar.
“LO ENTIENDO", dijo en voz baja. "NO DEL TODO. PERO LO ENTIENDO."
“ESO ES SUFICIENTE", dijo Haruki. "EL RESTO LLEGARÁ."
De repente el suelo vibró. Suave. Pero perceptible. Tama abrió los ojos. Su pelaje se erizó.
“ESTÁN AQUÍ", dijo. "LOS GUARDIANES. SOBRE NOSOTROS."
Haruki se levantó lentamente. Tomó una llave vieja de la pared. De hierro. Pesada.
“EL CAMINO HACIA ABAJO ESTÁ DETRÁS DEL FUEGO", dijo. "UN TÚNEL. LLEVA AL PRIMER NÚCLEO. PRIMAVERA."
“¿Primavera?", preguntó Hana.
“SÍ", dijo Haruki. "EL NÚCLEO DE PRIMAVERA. DONDE EMPEZÓ SHIKI. Y DONDE ENTRÓ KENJI."
“¿Y usted?", preguntó Yuki. "¿Viene?"
“NO", dijo Haruki. "ME QUEDO. ALGUIEN TIENE QUE CUIDAR EL FUEGO. Y LOS LIBROS."
“PERO—" Yuki se detuvo. "¿Y si vienen los guardianes?"
“NO PUEDEN VENIR AQUÍ", dijo Haruki. "ESTE LUGAR ES ANTIGUO. AQUÍ SHIKI NO TIENE PODER. PERO SOLO AQUÍ. SI ESTÁN AFUERA..."
“ENTONCES ESTAMOS SOLOS", dijo Yuki.
“SÍ", dijo Haruki. "PERO TIENEN ALGO QUE SHIKI NO TIENE."
“¿Qué?", preguntó Hana.
“LA PREGUNTA", dijo Haruki sonriendo. "Y LA HOJA."
Yuki metió la mano en su bolsillo. La hoja de otoño seguía allí. Seca. Marrón. Ligera. Real.
Asintió. Hana asintió. Tama saltó al hombro de Yuki.
“ENTONCES VAYAN", dijo Haruki. "Y RECUERDEN: SHIKI ES FUERTE. PERO LA PRIMAVERA ES MÁS FUERTE."
Yuki se quedó en la puerta. "¿Haruki-san?"
“¿Sí?"
“¿Por qué caen las hojas?"
El anciano sonrió. "Porque el árbol las deja ir. Y porque la hoja está lista para caer."
“¿Y cuándo está uno listo?", preguntó Yuki.
“CUANDO ENTIENDES QUE CAER NO ES EL FIN", dijo Haruki. "SINO EL PRINCIPIO."
Yuki cruzó la puerta. El túnel detrás del fuego estaba oscuro. Estrecho. Y frío. Pero al final, muy lejos, algo brillaba. Verde. Tierno. Como el primer brote en primavera.
Sobre ellos, en la superficie, estaban doce guardianes. Escaneaban el suelo. Buscaban. Pero la madera, la piedra y el agua eran demasiado antiguos. Demasiado reales. Shiki no encontraba nada.
Aún no.
El primer núcleo espera. La primavera duerme.
Y Yuki tiene la hoja, la pregunta y la respuesta.
¿Pero será suficiente?